miércoles, 14 de diciembre de 2011

Un whiskey bien acompañado

Tintinéan los hielos contra el frío cristal,
la dorada bebida se calma,
un trago para el paladar,
uno se rodea de buena compañia.

Jazz o blues, me és igual.
Un cigarro se prende y suspira.

El silencio de la charla,
meditada, detenida.
Nuevas voces, recordadas alegrías.

Una nube, de placer despega,
de los labios del catador,
una sonrísa.

Trivial. Oscila,
el vaso, se vacía.

El pitillo, consumido,
descansa sobre la ceniza,
el humo, de los labios,
se da salida.

Tal vez fue larga la noche,
o corta la bebida,
pues el humilde bebedor,
se despide de su silla.

Siendo whisky lo ingerido,
las anéccdotas lo narrado,
solo queda repetir,
lo que arriba he comentado.