jueves, 6 de septiembre de 2012

Un Bourbon a las 3:79

Entra al bar que está cerrando ya. Las sillas encima de las mesas, un hombre pasando una fregona, las luces están apagadas menos en la barra.

La barra, un taburete.

-Señor, estamos cerrando.
-Solo busco un vaso...

El barman observa al extraño visitante. Cruza las miradas con su compañero y hace un gesto para que el cliente se acerque a la barra.
-Si solo es un trago, permítame preguntarle que le pongo.
-Un Bourbon- el camarero se gira señalando la selección de botellas- ese mismo, con hielo.

La botella aparece instantáneamente sobre la barra de madera color caoba. Los codos encuentran descanso sobre ella, mientras las piernas dobladas se sientan en la silla alta.
En un vaso de cristal caen tres o cuatro cubos de hielo, que tintinean en las paredes. Una mano ágil desenrosca el tapón y un chorro del ambarino líquido cae, agrietando las heladas figuras.

Una pitillera se mueve entre los dedos del degustador.
-¿Puedo?
-Por supuesto-. Un cenicero se deja ver ahora, al lado del vaso. Una cerilla prende su fósforo ardientemente, y luego cae hasta casi consumirse, pero aguanta lo justo para encender la punta de cigarrillo.

Se extingue dentro del guarda-cenizas.

Con la mano, agarra la bebida, y entre los dedos, el tabaco. Toma un ligero trago paladeando todos los sabores y aromas. Madera, con un regusto amargo y expresivo. Agradable, fuerte y único. Da un calo al cigarrillo mientras termina de tragar.

El hombre que le ha atendido está absorto repasando un par de copas, que de vez en cuando mira a contraluz. Impecables. Sigue limpiándolas.

Un nuevo trago y una oleada de humo en sus pulmones. Pasan varios minutos y la boquilla yace arrugada contra el vidrio del cenicero y solo quedan unos sorbos de bourbon. Lo agíta en círculos y lo deja descansar antes de terminarlo. Se recoge la manga de la camisa y observa el reloj. Son ahora mismo las 3:79.

Deja un billete bajo el vaso, se levanta y se va. Hoy era la noche del hombre de las 3:79, su cigarrillo y su placer.

domingo, 1 de julio de 2012

Tuercas de una misma máquina


Me desvisto de ropa, de piel y hueso y y me visto
de esa sonrisa falsa que tan bien he aprendido a
interpretar.

Y por dentro uno está vacío.

Estudia, trabaja, come, duerme y disfruta lo que puedas.

Disfrutar. Si ¿de que?

La vida es mecánicamente vacía y la falsa droga placeba
que tenemos para aliviarla se llama ocio.

Gime, triunfa, fuma, desahogate y piérdete entre placeres para,
a la mañana siguiente, seguir siendo una persona hueca que
debe ocultar sus sentimientos y sus heridas.

Sinceramente, la vida es un chiste de mal gusto con un marketing
muy bueno.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Una noche de abril junto al mar.

Me acuerdo que cenamos algo y nos fuimos encaminados a una playa poco conocida. Era de noche,
había llovido y cerca de la carretera no pasaba ningún coche, ni había ningún ruido cercano.

Una cuesta de piedra y arena, y una cala de arena y mar apareció ante nosotros. La lumbre de mi cigarro
era la única luz que había en aquel sitio, aparte de la luna, que vergonzosa, no salía completa.

Pasos sobre un camino imaginario nos acercaron a unos metros del agua. Ella y yo estábamos
disfrutando de esa pequeña evasión del mundo que habíamos encontrado. Generalmente, en la época
que estabamos, en la orilla del mar hace frío, pero no lo tuve por que estaba conmigo.

Un par de abrazos, besos encariñados y alguno caprichoso y lujurioso que se nos escapó, hicieron
de una banal playa un recuerdo duradero.

Aún cierro los ojos y escucho el mar golpeando rítmicamente, y el viento susurrando frías palabras
contra mi piel.


domingo, 4 de marzo de 2012

Maite Zaitut

"No hay nada comparable a caer enamorado de otra persona; bueno, tal vez, verla nacer."

Me desperté cosa de las tantas de la madrugada, sudando entre las revueltas sábanas de mi cama. Había sido una noche bastante rara, pero no lo demasiado para mi agitada e inquieta mente. Soñé.

Labios, ojos oscuros, pelo negro, sonrisas, caricias, roces, respiraciones entrecortadas, bonitas palabras, movimientos, sentimientos, pensamientos y dos cuerpos fundiéndose en uno. La misma pulsación, acelerada, liberando calor e impregnando el colchón de sudores. Rodando hacia un lado, hacia el otro, cambios de posiciones, frases entre gemidos de gozo y de placer, de amor y de dolor.

Clímax, extasis imposible de describir. El amor consumado, hecho acción, de disfrute inconfesable, pero para nada vergonzoso...

Decidí pensar, mientras la ceniza de mi cigarro yacía sobre el cenicero, y la colilla moría lentamente, que hay veces que la realidad supera a los más grandes sueños.

miércoles, 18 de enero de 2012

Soy Vício

Te traigo el placer, la lujúria, el deseo incandescente.
Soy verbo, en forma de palabra, pronunciada por millones, a gritos o susurros.

Soy el hambre de tus piernas, el calor de tus pensamientos, la avarícia de tu deseo.

Soy corriente, alterna, recorriendo tus curvas, encendiendo cada pasión que escondes,
cada mirada que ocultas, cada carícia que guardas.

Vivo presente, sueño pasado, miro el futuro. He sido tu clímax, tus alegrías.
Susurra mi nombre, muérdelo con cada diente, saboréalo con cada beso.

Soy Vício, cuando me quieras, o me necesites.