Es un hombre viejo, con una gorra negra ajustada, deshilachada por la parte izquierda, deshecha por la derecha.
La mugre le cubre buena parte de la visera.
Su pelo es lacio y grasoso, entre largo y muy largo, enredado y enmarañado.
La barba luenga y gris, conocedora de cuchillas mejores.
Sus ojos, hundidos y sombríos, rodeados de cercos de insomnio, reflejan la más dura vida.
Su traje de domingos, y del resto de su vida, es una camisa blanca que decidió cambiar de color.
La magnífica chaqueta es negra, sucia negra y no pienso decir nada más, porque no se puede.
Tal vez sus pantalones fueran de fiesta, pero ahora apestan.
En las manos lleva guantes recortados. En los guantes lleva mano y dedos viejos.
¿Por qué me fije en este andrajoso personaje?
No lo hice.
El clavo su mirada hundida y sombria, que refleja la más dura vida. Y también la más triste alma.
De una caja de cartón que había a su lado, tal vez de vino, tal vez no, sacó el que hasta el momento me pareció el violín más gastado que había contemplado.
Cogió después una varilla lijada, suspiró y comenzó a tocar.
Su canción, simples notas arrancadas al aire, empezaron a conmover una parte de mi.
Me quedé donde estaba.
Algo comenzó a hacerme sentir muy mal. Cada vez peor.
Noté que algo húmedo me resbalaba por la cara. Me toque. Estaba llorando.
El violinista seguía mirándome, ahora más intensamente.
Terminó de tocar, y fue como si toda la tristeza de la gente de alrededor cayese sobre mí.
Fue entonces cuando también me di cuenta de que era ciego.
Me acerqué y fui a darle lo que llevaba suelto, pero me dijo:
-Ah...gracias, pero no toco por dinero-Me sonrió-Pero tú...no deberías de entristecerte-.
Tocó algo en las cuerdas, y me sentí como si hubiera sido un día mas feliz.
Nunca lo he vuelto a ver.


1 comentario:
mucha melancolia, inspirada en letras te felicito. notaste el mundo entero con solo ver un par de ojos cansados
Publicar un comentario