martes, 22 de septiembre de 2009

El violinista


Tal vez lo hallas visto, o tal vez no.
Es un hombre viejo, con una gorra negra ajustada, deshilachada por la parte izquierda, deshecha por la derecha.
La mugre le cubre buena parte de la visera.
Su pelo es lacio y grasoso, entre largo y muy largo, enredado y enmarañado.
La barba luenga y gris, conocedora de cuchillas mejores.
Sus ojos, hundidos y sombríos, rodeados de cercos de insomnio, reflejan la más dura vida.

Su traje de domingos, y del resto de su vida, es una camisa blanca que decidió cambiar de color.
La magnífica chaqueta es negra, sucia negra y no pienso decir nada más, porque no se puede.
Tal vez sus pantalones fueran de fiesta, pero ahora apestan.
En las manos lleva guantes recortados. En los guantes lleva mano y dedos viejos.

¿Por qué me fije en este andrajoso personaje?
No lo hice.
El clavo su mirada hundida y sombria, que refleja la más dura vida. Y también la más triste alma.
De una caja de cartón que había a su lado, tal vez de vino, tal vez no, sacó el que hasta el momento me pareció el violín más gastado que había contemplado.
Cogió después una varilla lijada, suspiró y comenzó a tocar.

Su canción, simples notas arrancadas al aire, empezaron a conmover una parte de mi.
Me quedé donde estaba.
Algo comenzó a hacerme sentir muy mal. Cada vez peor.
Noté que algo húmedo me resbalaba por la cara. Me toque. Estaba llorando.
El violinista seguía mirándome, ahora más intensamente.

Terminó de tocar, y fue como si toda la tristeza de la gente de alrededor cayese sobre mí.
Fue entonces cuando también me di cuenta de que era ciego.
Me acerqué y fui a darle lo que llevaba suelto, pero me dijo:
-Ah...gracias, pero no toco por dinero-Me sonrió-Pero tú...no deberías de entristecerte-.
Tocó algo en las cuerdas, y me sentí como si hubiera sido un día mas feliz.

Nunca lo he vuelto a ver.



1 comentario:

Anónimo dijo...

mucha melancolia, inspirada en letras te felicito. notaste el mundo entero con solo ver un par de ojos cansados